Lo que la muestra pretende evidenciar, la música lo niega

Lo que la muestra pretende evidenciar, la música lo niega

A raíz de la programación de diez playlists inspiradas en las obras que componen los núcleos de la exposición del MALBA, Latinoamérica al sur del sur.

Sabemos bien que la música acompaña al ser humano desde siempre, desde las raíces, y esta propuesta, de algún modo, pretende crear un mundo donde la música acompañe el recorrido de obras de artistas de Latinoamérica.

Justamente, la colección Latinoamérica al sur del Sur abarca desde los objetos más antiguos hasta el arte del siglo XX, y los vincula con preocupaciones del presente tales como la participación de las mujeres, la apropiación del legado cultural en la construcción de la memoria o los derechos de las minorías étnicas.

“Abaporú y la cultura negra”, por ejemplo, es uno de los recorridos a través del arte de Tarsila do Amaral o Rosana Paulino, quienes materializan lo vernáculo a través de sus obras.

La playlist que atraviesa este recorrido podría haber estado integrada con obras de compositoras brasileñas, en su lugar encuentro música de Ravel, Gershwin, Ligeti y Krenek. Encuentro difícil relacionar estos compositores con la cultura popular que Tarsilia quiso mostrar al mundo.

Así se suceden los distintos recorridos del MALBA, y sus playlists me ensueñan en sonidos ajenos a nuestra cultura.

La preocupación acerca de la presencia de las mujeres en la música ha sido revelada a través de muchos trabajos de investigación que muestran la casi nula visibilidad del arte de las compositoras, tanto de la región latinoamericana como del mundo.

Llamativamente ninguna de las diez playlists creadas para el recorrido latinoamericano del MALBA incluye música de compositoras de nuestra región. ¿Olvidadas? ¿Desconocidas? ¿Desplazadas? ¿Calladas? Silenciadas.

Si no las oímos, si no las escuchamos, no van a trascender. Porque este silencioso no-nombrarlas las deja en el olvido, como nos deja sin conocerlas, y mirando hacia la lejana cultura cruzando el océano.

Una colección de arte de Latinoamérica merece ser acompañada por su música, con sus folclores y sus vanguardias.

No es poco.

Claro que podríamos armar otras playlists, y casi me siento inclinada a proponerla con música de compositores y compositoras de nuestra región. También incluiría, ¿por qué no?, intérpretes de la región. Sería más latinoamericano. Estaría más cerca de la apropiación del legado cultural y nuestra memoria como pueblo.